Mami, la del gran corazón


Juntas en la presentación de "no una"
La primera vez que vine a Vega Baja fue con mami. Ella vivió en la Sabana con mi abuela y solíamos visitarla varias veces a la semana. No me agradaban mucho estas visitas, pero eso es otro relato.

Veníamos a Vega Baja a sacarnos la sangre, a hacer alguna gestión en la oficina de gobierno, y a comprar cosas en La Reina y Pitusa. Estas tiendas vendían todo lo que una madre con tres niños necesitaba; desde cosas de la escuela hasta productos de limpieza. Más abajo comprábamos ropa en Me Salvé o K-Mart, la primera mega tienda que llego a este pueblo. Para esto ahorrábamos lo que nos habíamos ganado en la limpieza del fin de semana y en las ventas de “limber” que mami nos enseño a preparar.

Siempre el pueblo ha sido sucio. Allí conviven tecatos, carros públicos, calles oxidadas y edificios abandonados, junto a museos y casas coloniales.  Nunca me ha gustado por esa suciedad, pero de él guardo bellos recuerdos con mami.

Hoy uno de ellos vino a mi mente al subir las escaleras de Pitusa. Recordé cuando mami me acompaño a comprar las cosas que necesitaba para el hospedaje. Era la primera vez que me mudaba de mi casa, y me iba a vivir a Río Piedras. Fuimos a Pitusa y a La Reina a comprar cepillo, escoba, mapo, y otros muchos utensilios que una chica prepa necesita para la universidad.

Siempre la recuerdo dándome cosas sin esperar nada a cambio. Si no era dinero para la semana, era la compra; sino era comida preparaba por ella, era cualquier otra cosa que necesitara para yo estudiar y estar tranquila.

No ha habido un solo momento de mi vida que mi madre no haya estado a mi lado. Aunque se le hayan aguado los ojos al igual que a mí por verme partir, me ha dejado ir con el corazón roto. Me ha despedido en el aeropuerto innumerables veces, y me ha recogido para volverme a abrazar. Ha sido cómplice de cada sueño y locura; y cuando la pienso sólo veo un gran corazón.

Por eso la amo tanto, por estas pequeñas cosas.

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