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Mostrando entradas de agosto, 2013

Mami, la del gran corazón

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La primera vez que vine a Vega Baja fue con mami. Ella vivió en la Sabana con mi abuela y solíamos visitarla varias veces a la semana. No me agradaban mucho estas visitas, pero eso es otro relato.
Veníamos a Vega Baja a sacarnos la sangre, a hacer alguna gestión en la oficina de gobierno, y a comprar cosas en La Reina y Pitusa. Estas tiendas vendían todo lo que una madre con tres niños necesitaba; desde cosas de la escuela hasta productos de limpieza. Más abajo comprábamos ropa en Me Salvé o K-Mart, la primera mega tienda que llego a este pueblo. Para esto ahorrábamos lo que nos habíamos ganado en la limpieza del fin de semana y en las ventas de “limber” que mami nos enseño a preparar.
Siempre el pueblo ha sido sucio. Allí conviven tecatos, carros públicos, calles oxidadas y edificios abandonados, junto a museos y casas coloniales. Nunca me ha gustado por esa suciedad, pero de él guardo bellos recuerdos con mami.
Hoy uno de ellos vino a mi mente al subir las escaleras de Pitusa. Record…

Milagro...

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Imagino que esto se parece al cielo. Ella suele decirse cuando entran a la tienda, hombres y mujeres llenos de tatuajes, una pareja lesbiana, un gay, un homeless, y otros gringos en busca de un consuelo. Algo así de tripieso debe ser cuando Jesús caminaba por Galilea haciendo milagros y le decía a los profetas, hombres de poca fe. Eran ellos, los menos que creían.
En este sarcasmo lírico hay tanta verdad, piensa. Igual que aquella que siente cuando cierra los ojos y llega al color. Nada de lo concebido es él, más es todo lo que necesita.
En esos instantes recuerda que para entrar al cielo hay que despojarse de todo prejuicio.