Pescado (un cuento corto)





estoy nadando, es 1989, era en el centro de las villas de dorado. me braceo en el agua, apenas respiro. cruzar de un lado al otro conlleva riesgo y precisión. sumergirse igual era un acto de confianza.



respiraré? podré ver de nuevo la figura de mi padre?


mi padre desde el agua me hacia señas:
para acá,
vas bien,
patalea,
y ahora una brazada,
eso.

quizás es como parir ese instinto del agua -quiero decir para mi madre-, pero lo curioso es que a ella no le gustaba.

*

dicen que nunca la dejaron nadar. si te cuento, le encantaba lucirse en traje de baño blanco y ponerse moradita ante el sol. era coqueta mi madre, de esas mezclada con ingenio. su sol era ponerse dorada, bailar hasta que amaneciera a escondidas y quedarse dormida pensando en el novio. no la habían dejado ir a fiestas y poniendo de excusas a sus amigas fumo en secreto y tal vez se dio un whiskey que otro en su nombre. viajo a España y a Santo Domingo, allí conoció a mi padre, de eso hacen ya 35 años.

*

de repente imagino salir a mi abuelo de la San Vicente un día cualquiera. es 1955 y estamos en la Central. el barrio esta lleno de caña y mi abuelo, ingeniero de aquella época y blanco, atacaba ordenes y daba. no era un pelao no, pero tampoco le sobraba.

en casa de mi abuela las muñecas las tejían y las casitas las hacían con madera. lo poco daba para muchos. había palos de limón, barritas para pelar las piernas y arroz para arrodillar aquella hija católica mal lograda. a fuerza de rezos, mi tía se hizo más terca, mi abuela más recta y la cuñada más liberal.

es el 60, abuela la de muslos anchos vende para compensar Avon. me pongo a imaginarla, una morena de piernas tan gordas con un blanquito, to’ jalao. abuela virgen llegando a la cama del marido. abuela se agarra de los rezos como del velo cuando él murió.

*

las cosas que recuerda abuela, una vez le pedí. siempre me decía lo caballeroso que fue la primera vez. ella tan monja. todavía le pregunto porque no se metió a un convento. Te imaginas, quería ser monja?  

ella sintió por mi abuelo la misma devoción que siente por dios. es viuda desde que nació. nunca ha enseñado los muslos, ni ha bailado, no conoce otro cuerpo ni otro sudor que el del padre.

le cuentas de la playa y dice que haya no ha ido, que el mar al igual que los monstruos, que el agua, que la oscuridad, que las salidas, que la música, que el silencio, que la alegría, le dan miedo. me da lástima que quiera saberlo todo. de dónde vendrá ese vicio? será del cuco o del niño que ve dormido a sus pies o de los fantasmas que le jalan las piernas de noche y su madre se invento cuando la criaba o del susto que imagina al verle alguien las piernas? imagina, se tapa los muslos; y le dice a mami repetidas veces que el agua es mala.

*

me encuentro a mela, 13 años después del 90’. muchos años después de haber nadado juntas, te acuerdas le digo -tu alzando las piernas y yo cruzando metros-. creía que era mayor, le veía de lejos con otras las adultas haciendo piruetas en el agua. luego de unos años, vivimos juntas. allí perdimos la inocencia algunas de las 11, aprendimos a excitarnos más de lo conocido. No éramos monjas, aunque alguna lo quiso.

*

tan cercana lo fue la Vero en mis tiempos de natación. estudiamos juntas, cortábamos metros. ella a veces se fajaba cuando venían sus padres a verla. lo mío lo tenía claro, yo nadaba porque me encantaba el agua, pero eso de matarme en ella no era lo mío; porque en el agua se corre, se suda; lo sabe el nadador.

recuerdo aprenderme los exámenes en el agua. los diálogos continuos que tenía conmigo, allí estudie de ciencia, de biología, de química, de historia. Alí comencé a escribir. más de una vez me choque. salía rendida, lista para comer y dormir hasta el otro día.

fuimos panas de carne y hueso, así como la Mela, así como otras en tiempos distintos. nos juramos ser amigas por siempre y el tiempo nos traiciono. digo, eso de vernos como lo prometimos ya no existió. una que otra se caso, algunas se fue fuera, dos se hicieron doctoras, unas cuantas tuvieron hijos.

*

abro la maleta de postales viejas, selecciono una. leo a Vero en 9no grado diciéndome con su letra –eres la hermana que no he tenido, gracias por llegar a mi vida-

y una lágrima se quiere asomar a mi mejilla, veo su número de teléfono en la esquina derecha. tuve un impulso de llamarle y recordé que años atrás me la encontré en la pista con su hijo, a punto de ser abogada.

*
ayer en la Central me vienen a la cabeza: Santo Domingo, Papi, Mami, Justo, mi nombre y Vero. Mela llego después, y entonces el agua.

*

me atasqué con espinas la traquea. no podía respirar, pensé me moriría. ¿me voy al agua? 

vomito, salen las espinas. sale el agua. esta vez por los ojos, luego por la nariz, luego por la boca que se hace aliento. brindo por nuestros logros; al carajo las espinas. también el puto aquel que me dejo clavada y sola. llueve, lloro, recuerdo los choros. papi y vero se asoman, el agua corre en la piscina.


 

Comentarios

Natalia Prats ha dicho que…
Asi es amiga! El tiempo cambia muchas cosas. Y como el agua que trae tanto y se lleva tanto hay que fluir.
Raquel Z. Rivera ha dicho que…
¡Este es un cuento como que preñado de otros cuentos!
Espero que desde este salgan los muchos otros.

Y qué muchas imágenes y sentimientos fuertes aquí. Mis 2 favoritos: "ella sintió por mi abuelo la misma devoción que siente por dios. es viuda desde que nació." Uy! Espeluznante y hermosamente dicho.
Ofrenda Poética ha dicho que…
Gracias Raquel, el agua me fue llevando de recuerdo en recuerdo, y si, quiero seguir elaborando más de esto; sobretodo del personaje de mi abuela.
Vida M ha dicho que…
QUERIDA HIJA:
HOY , COMO MUCHAS NOCHES TARDE EN COGER EL SUEÑO Y ME PUSE A LER TU PAGINA . CUANTOS RECUERDOS HERMOSOS LLEVAS EN TU CORAZóN Y MENTE. EL "PESCADO"ES HERMOSO Y ME HACE RECORDAR EPOCAS BELLAS EN MI VIDA
GRACIAS POR ESCRIBIRLAS!
TE AMO
TU MADRE

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