Eat, Pray, Love

Mi vida ha cambiado en estos últimos dos años. Y ayer después de ver la película Eat, Pray, Love basada en el libro de Elizabeth Gilbert, recordaba el momento en que leí ese libro y los pensamientos y sentimientos similares que he tenido a los de la escritora.

Alrededor de seis años atrás en medio de una crisis me vino la idea de ir a la India de peregrina para contestar o tal vez escapar de muchas de mis preguntas. Recuerdo que en ese momento mi amigo Alex me dijo -no necesitas ir a la India o a ningún lado para contestar tus preguntas, las respuestas yacen dentro de ti-. Me gustaba mucho viajar y tener la vida colgada de un hilo.

Hace tres años decidí irme a vivir a Chicago en lo que tomaba cursos de encuadernación y trabajaba. Allí fue que una chica puertorriqueña me regalo este libro, y recuerdo que me hico compañía en tanta soledad. Leía, reía, lloraba, escribía y meditaba acerca de este libro y mi vida. Juro que nunca he estado tan cerca de Dios como cuándo viví en ese apartamento frente al lago Michigan. Sola con mis libros y sin trabajo, mis momentos de equilibrio los encontraba en largas caminatas seguidas o iniciadas por meditación y ejercicios de yoga. Quería rendirme a la experiencia mística de Dios y rogaba por una respuesta. Un año paso, me fui de la ciudad y regresé a la isla.

De eso ya van dos años y hoy puedo mirar el camino recorrido y ver que mucho he aprendido. Las ganas de irme a la India en meditación continúan, pero ya no tengo que escapar de mí para encontrarme. Ni mucho menos soy capaz de dejar todo colgado; ahora mi vida depende de mí. Todavía sigo buscando una experiencia trascendental con Dios, un rendimiento de “mis planes en mi vida”. La vida se ha encargado de poco a poco mostrarme que el camino se devela 300 metros a la vez y que lo mejor que podemos hacer es mantener la paz. Ahora sólo falta perdonarme.

P.D. Gracias Liz, gracias Chicago, gracias.

Comentarios

Hoy, artista ha dicho que…
Sería maravilloso que pudieras ir a India, pero también estoy de acuerdo con tu amigo en que no hay que ir a ningún lado para tener una experiencia de unión con lo divino. Creo que lo mejor es emprender una práctica, cualquiera que sea, y seguirla con devoción. Afortunadamente para Elizabeth Gilbert, ya tenía un nombre ¡y le pagaron un buen adelanto para tener esta experiencia! Pero creo que esto seguramente se debió a su práctica diaria de la escritura, que no es diferente a rezar en cuanto a la disciplina, a la fe y al contacto con el gran espíritu creativo del universo.
ASIRAY ha dicho que…
El camino siempre es interior!!
Y taller está a pasitos. Qué fortuna amiga.
Entre el mar y los materiales. EH!!!!

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