vivencias con Gina




(1) 28- sept-07

Mi tía-abuela regresó de Puerto Rico a estas horas y con ella regresó mi madre y su ternura. Me dijo que ella se quedó llorando; tal vez por eso la sentí triste en estos días. Otra más que se le va.

Mientras con su llegada en la casa se sintió la diferencia: el aire se expandió, hubo fricción, las cosas cayeron en su ciclo natural. La abuela volvió a ser madre-hija, la hija siguió siendo hija-esposa-madre del esposo-hijo-yerno de la tía-abuela.

Las preguntas comenzaron a surgir, mientras que el yerno me invitaba a una copa de vino.-Un poco de carucho…, comiste pescadito-… y yo: -que no, y que no-. De todo el manjar de hostias que había en la cocina, decidí comer unos pedacitos de mango, y al volverlos a probar mi boca se lleno de tierra mojada.

Creo que la falta de nostalgia por lo conocido, no me ha dejado espacio para extrañar. Hasta hoy, que con la llegada de mi tía-abuela llegó mi madre con su amor y sabores, y el aire se expandió como se expande una isla cuando late y duerme fuera de su cascarón. Con su llegada vino el abrazo de mi madre y susurrando, mirándome a los ojos, me dijo: -te quiero como a tu madre-.

(2) 21-oct-07

Hoy cumple mi hermana Patricia y ayer estuve hablando tanto con mi tía-abuela; es eso exactamente, porque ella es la hermana de mi abuelo. Hablamos tantas cosas, más bien era yo que escuchaba lo que sus historias, su silencio y su vida me decían.

No ha de haber sido nada fácil crecer sola y aparte, cometer errores intentando a su vez estar bien para sí y para todos, porque solo se tenía a si misma. Gina se tuvo que venir de Puerto Rico a temprana edad porque su hermano (mi abuelo) y la familia no la dejaban ser ella. Pero como afirma: -nunca pude cambiar-.

Ella es un ser de mucha alegría, a quien mi madre adora y quiere como una madre. Ella también quiere a mi madre como una hija y en ese sentido estar cerca de ella, es conocer más a mi madre y su juventud.

Nosotras hablamos en el silencio, porque sé que ella se da cuenta con su sabiduría de mis pasos, y yo sé que me observa. Ambas comprendemos el mismo lugar, porque hemos pasado por el o porque la intuición nos ha revelado el posible camino.

Miles son sus achaques, pero de ninguno se queja. Le parece una falta de respeto decirle al mundo sus dolencias. En cambio, vive la vida feliz y realmente lo que emana de ella es pura luz y amor.

Sé que ha vivido su vida con intensidad. Lo puedo saber por los mares que ha recorrido. Esta situación de caminante-errante la ha hecho ser sabia y comprensiva. Al lado de otros familiares que se han quedado en el mismo lugar, su vida ha vivido una y mil veces experiencias diferentes. Desde convivir con los negros, coger el autobús a los 78 años, hasta caminar sola y bailar con los mexicanos, como darle dinero para comer a los hijos deambulantes de sus amigos y amar el frío de Chicago como la ternura de la isla.

A Gina le encanta el bingo y la pachanga, cocina en solo minutos y siempre prepara antojitos para agradar a otros. Tiene una relación con Dios de amistad, dice que Dios es su amigo, su pana y que con él ha estado en todos los líos. Deja de comer para darle comida a sus hijos y aquellos que no lo son.

Me dice que cada vez que viaja no sabe si volverá, por eso se despide preguntándose -¿los volveré a ver?- Esta lista para la muerte como para la vida, porque no le teme. Muchas de sus amistades se han muerto y ella con tantos achaques silentes sigue estando viva. Sin duda que sí, porque Gina todo lo que toca lo llena de alegría y con su presencia enseña lo moviliza todo.

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